Una nueva etapa

jueves, 24 de noviembre de 2016

 ¡Saludos de nuevo!
 Me hace muy feliz, en esta mañana de noviembre, poder reencontrarme con todos vosotros, posibles lectores, y con La Biblioteca de Elrond.
 He estado ausente más tiempo del que me hubiera gustado por circunstancias profesionales, pero a partir de ahora esto ya no será así, y habrá publicaciones con una periodicidad semanal… e incluso menor, cuando me sea posible visitar este rinconcito de Internet más a menudo.
 Para mí es una gran alegría anunciaros que ahora comienza una nueva etapa de mi querido blog; una etapa que espero disfrutéis tanto como yo.
 No habrá grandes cambios en esta nueva etapa, excepto uno, que aparecerá muy pronto y que mencionaré a continuación.

 La Biblioteca de Elrond seguirá cumpliendo el propósito para el que fue creado y seguirá siendo un lugar en el que tendrán cabida todas las obras literarias en todos sus géneros, y todo lo que con los libros (por supuesto, también los electrónicos) se relacione.
 Sin embargo, debido a mi nuevo perfil de bióloga y estudiante de filología inglesa, amante además de las lenguas de la familia del inglés (como el alemán, el holandés,…), se observará una tendencia indudable hacia la unión, que en mi opinión es tan bella como enriquecedora y necesaria, de Las dos culturas, las ciencias, por un lado, y las humanidades o letras, por el otro.
 También habrá una fuerte tendencia a hablar de estas hermosas lenguas, de su origen, de sus curiosidades… y a las críticas por mi parte de obras literarias de autores sobre todo de lengua inglesa, aunque también alemana y otras de la familia.
 En mi próxima entrada ya habrá una muestra con mi crítica del último libro que he tenido entre mis manos: Great Expectations (traducido al español como Grandes Esperanzas), una de las grandes novelas de Charles Dickens.

 ¡Nos vemos muy pronto!

¿Aceptaríamos?

miércoles, 31 de agosto de 2016

 ¡Saludos de nuevo a todos!

 Hoy voy a hablar de un cuento, que para mí no es un cuento cualquiera.
 Muy frecuentemente usamos la expresión niño interior para referirnos a esa parte de nuestra alma llena de inocencia, de deseo de reír y de conocimiento, traviesa incluso... Para mí el hecho de oír esta expresión es tan normal como el aire que respiro o el agua que me sostiene. Y es que, por muchos años que hayamos cumplido, todos nosotros seguimos llevando dentro al despreocupado niño que fuimos, que se pregunta, que explora, que imagina sin límites...
 Esta es la causa, en mi opinión, de que los cuentos no sean algo exclusivo de la infancia y de que millones de adultos queden encantados con la lectura de estos breves relatos que podrían parecer, en un principio, más aptos para niños y adolescentes que para ellos mismos. Durante la infancia, los cuentos nos ayudan en nuestros primeros pasos en el aprendizaje, tanto de conocimientos como de valores; durante nuestra vida adulta, los cuentos rescatan de nuestro interior la risa y la inocencia, tantas veces olvidadas a causa de las preocupaciones de la vida que, en muchos casos, nosotros mismos nos creamos.
 El género literario del cuento es uno de mis preferidos. Aprovechando esta circunstancia y un precioso libro de cuentos que mi hermano me regaló hace años, me gustaría compartir con todos los visitantes de este rinconcito de internet uno de estos relatos, que ilustra con mucha claridad una de estas preocupaciones creadas por nosotros mismos.
 Es normal que, entre los seres humanos, nos comparemos unos con otros: cómo son nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras ilusiones... Pero, ¡tantas veces ocurre que pensamos que la situación de los demás es mejor que la nuestra y entonces desearíamos cambiarnos por esa persona a la que pensamos que todo le va de maravilla!

 Sin embargo, todos tenemos nuestra cara y nuestra cruz, nuestras alegrías y nuestras penas, nuestras comodidades y nuestros problemas no buscados por nosotros. ¿Qué pasaría si, uno de estos días en los que tanto lo deseamos, alguien nos ofreciera cambiar nuestra vida por la de cualquier otra persona, con todo lo que ello conlleva? ¿Aceptaríamos?

 Este es el argumento del (para mí) hermoso cuento Eligiendo cruces, incluido en el libro Cuentos al amanecer, del autor Mamerto Menapace, que presento a continuación. ¡Que lo disfrutéis!

 NOTA: El autor es un monje argentino, y se pueden observar sus creencias en el cuento; pero yo creo que es aplicable tanto a creyentes como a no creyentes, dada la hipotética situación que describe.

Esto también es de tiempos antiguos, cuando Dios se revelaba en sueños. O al menos la gente todavía acostumbraba a soñar con Dios. Y era con Dios con quien nuestro caminante había estado dialogando toda aquella tarde. Tal vez sería mucho hablar de diálogo, ya que no tenía muchas ganas de escuchar, sino de hablar y desahogarse.
 El hombre cargaba una buena estiba de años, sin haber llegado a viejo. Sentía en sus piernas el cansancio de los caminos, después de haber andado toda la tarde bajo la fría llovizna, con la bolsa al hombro y bordeando las vías del ferrocarril. Hacía tiempo que se había largado a vagabundear, abandonando (vaya a saber por qué) su familia, su pago y sus amigos. Un poco de amargura guardaba por dentro, y la había venido rumiando despacio, como para acompañar la soledad.
Finalmente, llegó mojado y aterido hasta la estación del ferrocarril, solitaria al lado de aquello que hubiera querido ser un pueblito, pero que de hecho nunca pasó de ser un conjunto de casas que actualmente se estaban despoblando. No le costó conseguir permiso para pasar la noche al abrigo de uno de los grandes cobertizos de cinc. Allí hizo un fueguito, y en un tarro que oficiaba de ollita recalentó el estofado que le habían dado al mediodía en la estancia donde pasara la mañana. Reconfortado por dentro, preparó su cama: un trozo de plástico negro como colchón que evitaba la humedad. Encima, dos o tres de las bolsas que llevaba en el zurrón, más un par de otras que encontró allí. Para taparse tenía una manta vieja, escasa en lana y abundante en vida menuda. Como quien se espanta un peligro de enfrente, se santiguó y rezó el Bendito que le enseñara su madre.
Tal vez fue la oración familiar la que le hizo pensar en Dios. Y, como no tenía otro a quien quejarse, se las tuvo con el Todopoderoso, reprochándole su mala suerte. A él tenían que tocarle todas. Parecía que el mismo Dios se las había arreglado con él, cargándole todas las cruces del mundo. Todos los demás eran felices, a pesar de no ser tan buenos y decentes como él. Tenían sus camas, su familia, su casa, sus amigos. En cambio, aquí estaba él, como si fuera un animal, arrinconado en un cobertizo, mojado por la humedad y medio muerto de hambre y de frío. Y con estos pensamientos se quedó dormido, porque no era hombre de sufrir insomnios por incomodidades. No tenía preocupaciones que le quitaran el sueño. En el sueño va y se le aparece Dios, que le dice:
-Amigo, yo ya estoy cansado de que los hombres se me anden quejando siempre. Parece que nadie está conforme con lo que yo le he destinado. Así que desde ahora le dejo a cada uno que elija la cruz que tendrá que llevar. Pero que después no me vengan con quejas. La que agarren tendrán que llevarla para el resto del viaje y sin protestar. Y como usted está aquí, será el primero a quien le doy la oporutnidad de seleccionar la suya. Vea, acabo de recorrer el mundo retirando todas las cruces de los hombres, y las he traído a este cobertizo grande. Levántese y elija la que le guste.
Sorprendido, el hombre mira y ve que efectivamente el cobertizo estaba que hervía de cruces de todos los tamaños, pesos y formas. Era una barbaridad de cruces las que allí había: de hierro, de madera, de plástico y de cuanta materia uno pudiera imaginarse.
Miró primero para el lado que quedaban las más chiquitas. Pero le dio vergüenza pedir una tan pequeña. Él era hombre sano y fuerte. Siendo el primero, no era justo quedarse con una tan chica. Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó en seguida, porque se dio cuenta de que no le daba el hombro para tanto. Fue entonces y se decidió por una de tamaño medio: ni muy grande ni tan chica. Pero resulta que entre éstas las había sumamente pesadas de quebracho y otras livianitas de cartón, como para que jugaran los niños. Le dio no sé qué elegir una de juguete, y tuvo miedo de cargar con una de las pesadas. Se quedó a mitad de camino, y entre las medianas de tamaño prefirió una de peso regular.
Con todo, faltaba tomar aún otra decisión. Porque no todas las cruces tenían el mismo acabado. Las había lisitas y parejas, como cepilladas a mano, lustrosas por el uso. Se acomodaban perfectamente al hombro y seguro que no harían ampollas con el roce. En cambio, había otras medio bastas, fabricadas con hacha y sin cuidado, llenas de rugosidades y nudos. Al menor movimiento podían causar heridas. Le hubiera gustado quedarse con la mejor que vio. Pero no le pareció correcto. Él era hombre de campo, acostumbrado a cargar la bolsa al hombro durante horas. No era cuestión ahora de hacerse el delicado. Dios lo estaba mirando y no quería hacer mala letra delante de él. Pero tampoco andaba con ganas de hacer bravatas y llevarse una que lo lastimara par toda la vida.
Se decidió por fin, y tomando de las medianas en tamaño la que era regular de peso y acabado, se dirigió a Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz.
Dios lo miró a los ojos, y, muy serio, le preguntó si estaba seguro de que quedaría conforme en el futuro con la elección que estaba haciendo. Que lo pensara bien, no fuera que más adelante se arrepintiera y le viniera de nuevo con quejas.
Pero el hombre se afirmó en lo hecho y garantizó que realmente lo había pensado muy bien, y que con aquella cruz no habría problemas, que era la justa para él y que no pensaba retirar su decisión. Dios, casi riéndose, le dijo:
-Amigo, le voy a decir una cosa. Esa cruz que usted eligió es la que ha venido llevando hasta el presente. Si se fija bien, tiene sus iniciales y señas. Yo mismo se la he quitado esta noche y no me costó mucho traerla, porque ya estaba aquí. Así que de ahora en adelante cargue su cruz y sígame, y déjese de protestas, que yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para llegar mejor hasta mi casa.
Y en ese momento el hombre se despertó, todo dolorido del hombro derecho por haber dormido incómodo sobre el duro piso del cobertizo.

Nota del autor: A veces se me ocurre pensar que si Dios nos mostrara las cruces que llevan los demás y nos ofreciera cambiar la nuestra por cualquiera de ellas, muy pocos aceptaríamos la oferta. Nos seguiríamos quejando lo mismo, pero nos negaríamos a cambiarla; no lo haríamos ni dormidos.


Una medicina especial

lunes, 25 de julio de 2016

A través de las experiencias que la vida me ha ido brindando, he comprobado muy a menudo que una de las mejores medicinas son, sin duda, los libros. Pueden hacerte sentir mejor que varios tipos de antidepresivos o tranquilizantes usados a la vez, con la ventaja añadida de que un libro no tiene efectos secundarios no deseados.
 Esta es la causa de que uno de mis hábitos más frecuentes cuando me encuentro desanimada es… leer un libro. Y el libro del que hoy voy a hablar es uno de los mejores para levantar el ánimo de entre los muchos que han pasado por mis manos.
 En realidad, empecé a leer Sin noticias de Gurb, del autor Eduardo Mendoza, cuando era muy niña, durante una actividad de la clase de Lengua. En aquel tiempo, tan sólo unos párrafos de este libro ya me hicieron mucha gracia; pero no imaginaba que de mayor se iba a convertir en mi tabla de salvación ante, por ejemplo, el estrés de los exámenes.
 ¿Por qué esto ha sido así? Describiré un poco el libro en sí, de modo que se pueda comprender mi opinión respecto del mismo.
 El argumento es bastante simple.
 Dos extraterrestres llegan a la Tierra y aterrizan en ella, concretamente, en Barcelona. En su planeta les han encargado la misión de observar nuestro planeta y a sus posibles habitantes, ya que ellos no saben si hay vida en la Tierra ni lo que se van a encontrar sus exploradores al llegar.
 De modo que, como además son una raza muy superior a la nuestra en tecnología y disponen de la capacidad de transformarse en una criatura como aquellas del planeta que visiten, uno de ellos (el superior) ordena a su compañero que adopte la forma de un ser humano e inicie una observación del lugar de la Tierra en el que han aterrizado.

 07:00. Cumpliendo órdenes (mías) Gurb se prepara para tomar contacto con las formas de vida (reales y potenciales) de la zona. Como viajamos bajo forma acorpórea (inteligencia pura factor analítico 4800), dispongo que adopte cuerpo análogo a de los habitantes de la zona. (…) Consultando el Catálogo Astral Terrestre Indicativo de Formas Asimilables (CATIFA) elijo para Gurb la apariencia del ser humano denominado Marta Sánchez.
  
 El problema surge cuando el compañero (quien como se ve en esta cita, ha salido de la nave adoptando la forma de Marta Sánchez) no envía ninguna noticia de regreso y su superior pierde toda conexión con él, por lo que debe de salir en su búsqueda en medio de un planeta totalmente extraño para él, iniciándose así toda una serie de divertidos acontecimientos.

 Pero son precisamente la simplicidad de su argumento y de su estructura (se presenta en la forma del diario que el extraterrestre va escribiendo mientras prosigue la búsqueda de su compañero), las que contribuyen a una lectura fácil y amena.
 El toque de humor final, que es lo que a mí tanto me gusta de este libro, se logra mediante alusiones al estado de la sociedad actual, tan cargadas de este humor y de ironía que yo, al menos, no puedo evitar reírme.
  
 (…)En Barcelona llueve como su Ayuntamiento actúa: pocas veces, pero a lo bestia. (…)

(…)Según parece, los seres humanos se dividen, entre otras categorías, en ricos y pobres. Es esta una división a la que ellos conceden gran importancia, sin que se sepa por qué. La diferencia fundamental entre los ricos y los pobres parece ser ésta: que los ricos, allí donde van, no pagan, por más que adquieran o consuman lo que se les antoje. Los pobres, en cambio, pagan hasta por sudar. La exención de que gozan los ricos puede venirles de antiguo, haber sido obtenida recientemente, ser transitoria, o ser fingida; en resumidas cuentas, lo mismo da. (…)

 Sin noticias de Gurb muestra, combinado con ello, un lado humano de la vida, como la relación del protagonista con su vecina por su temor a la soledad, la preocupación que muestra por su compañero desaparecido y más tarde por quienes serán sus amigos (el señor Joaquín y la señora Mercedes) y la importancia de elegir en la vida o de que de distintos caminos pueden provenir cosas buenas.

 04:00. Se me acerca una chica muy joven y desenvuelta. Con gran desenvoltura me pregunta si estudio o trabajo. Le respondo que, en realidad, no puede hacerse esta distinción, porque quien estudia aplicadamente realiza el mayor de los trabajos (para el día de mañana), del mismo modo que, quien pone los cinco sentidos en su trabajo, algo nuevo aprende cada día. (…)

 En definitiva, un libro maravilloso para pasar un buen rato… y para todas aquellas veces en las que venza el desánimo. Yo, sin ninguna duda, lo recomiendo.


NOTA: El libro está escrito en los años de la Barcelona de los JJ.OO. del 92 y hace referencia al contexto en el que vivía la ciudad en aquellos tiempos; pero se puede leer perfectamente bien hoy en día, dado que los grandes problemas que afectan a nuestra sociedad siguen siendo básicamente los mismos


  

Un libro entre las manos

viernes, 15 de julio de 2016

 Hola de nuevo a todos, visitantes de este rinconcito de internet.
 Debido a las circunstancias, la entrada que había pensado publicar hoy después de bastante tiempo tendrá que esperar, pues quiero rendir mi más sentido homenaje a las víctimas del reciente atentado ocurrido en Niza, y a todas las víctimas del terrorismo yihadista.
 Me he planteado varios inicios a la hora de ponerme a escribir estas líneas, pero los he descartado uno por uno automáticamente porque, frente a la tragedia que ayer por la noche volvió a cobrarse vidas inocentes y a dejar muchas otras desechas, no tengo palabras.
 Y cuando pienso en la manera en la que fui consciente de la matanza de Niza, la situación se vuelve más extraña todavía a mis ojos.
 Eran aproximadamente las 23:45 y el día 14 de julio de 2016 estaba a punto de terminar. Yo me encontraba, como siempre es mi caso a esas horas, en mi habitación, relajada, contenta tras ver cumplidos mis objetivos para ese día y con un libro entre las manos.
 Pero esta noche ocurrió algo extraño.
 Mientras mis pensamientos se dirigían gracias a ese libro a los inicios de la obra de mi autor favorito J. R. R. Tolkien y a la conexión de la misma con la mitología nórdica, oí que mi padre profería unos insultos... No supe a quién se los dirigía, y me quedé muy sorprendida. Pero, cuando abandoné el libro para escuchar la radio, siguiendo mi rutina nocturna, supe la noticia… y entonces lo entendí todo.
 Ahora que lo pienso, me alegra que la noticia me sorprendiera, al igual que irrumpió en mi vida la noticia del trágico 11-M de Madrid, con un libro entre las manos.
 Porque individuos como el que este 14 de julio utilizó un camión como arma, o aquellos que ponen una bomba en nombre de la religión y de su dios (lo cual, además, es una actitud contraria a las propias religiones, que fomentan ante todo el amor y la unidad), no podrán arrebatar a las personas su cultura, ni su identidad.
 Ni siquiera a aquellos que son de su propia religión, principales víctimas del terrorismo yihadista.



 Desgraciadamente, sí han vuelto a truncar la vida de inocentes. Deseo que mi solidaridad y mis oraciones lleguen hasta las víctimas y sus familias, de parte de un miembro de la especie humana que quiere estar con otros de su especie en espíritu en estos tristes momentos.

Detrás de las apariencias.

miércoles, 15 de junio de 2016

Estos días, en mis lecturas de la Biblia que hago con motivo de las oraciones diarias o de aquellas ocasiones en las que acudo a ella porque sus muchos libros siempre tienen tanto que enseñarme, me he encontrado varias veces con pasajes que hacen referencia a un episodio del que ya hablé aquí.
 Este episodio no es otro que el que da origen al salmo 50, el hermoso Miserere que, en la madrugada de Jueves a Viernes Santo, causa tantos sentimientos cuando los hermanos de coro de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente de mi ciudad, Zamora, elevan sus voces al cielo en la noche para mostrar amor y pedir el perdón de Dios ante la bella escultura del cuerpo yacente de Jesús que alberga la Iglesia de Santa María la Nueva de Zamora.
 He caído en la cuenta de que, en su momento, no incluí en la entrada Miserere Dei la letra de este, para mí, hermoso salmo. Hermoso y no sólo vinculado a la cuaresma, la Semana Santa y los actos penitenciales, pues su significado tanto para los creyentes como para los no creyentes, si se presta atención, es mucho más profundo que el meramente penitencial.
 Debido a ello, incluyo en esta entrada la letra del salmo 50, tanto en latín (en este idioma se reza en los momentos más solemnes de la liturgia, y también en este idioma suben sus notas altas y claras hacia el cielo de Zamora en esa significativa madrugada), como en castellano, la cual es, básicamente, una traducción de la letra en latín.
 De este modo espero se pueda comprender en toda su esencia el significado más profundo del salmo 50.

Letra del Salmo 50 en latín.
Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam.

Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam.


Amplius lava me ab iniquitate mea: et a peccato meo munda me.

Quoniam iniquitatem meam ego cognosco: et peccatum meum contra me est semper.


Tibi soli peccavi, et malum coram te feci: ut justificeris in sermonibus tuis, et vincas cum judicaris.

Ecce enim in iniquitatibus conceptus sum: et in peccatis concepit me mater mea.


Ecce enim veritatem dilexisti: incerta et occulta sapientiae tuae manifestasti mihi.

Asperges me hysopo, et mundabor: lavabis me, et super nivem dealbabor.

Auditui meo dabis gaudium et laetitiam: et exsultabunt ossa humiliata.
Averte faciem tuam a peccatis meis: et omnes iniquitates meas dele.


Cor mundum crea in me, Deus: et spiritum rectum innova in visceribus meis.

Ne proiicias me a facie tua: et spiritum sanctum tuum ne auferas a me.

Redde mihi laetitiam salutaris tui: et spiritu principali confirma me.
Docebo iniquos vias tuas: et impii ad te convertentur.


Libera me de sanguinibus, Deus, Deus salutis meae: et exsultabit lingua mea justitiam tuam.

Domine, labia mea aperies: et os meum annuntiabit laudem tuam.


Quoniam si voluisses sacrificium, dedissem utique: holocaustis non delectaberis.

Sacrificium Deo spiritus contribulatus: cor contritum, et humiliatum, Deus, non despicies.


Benigne fac, Domine, in bona voluntate tua Sion: ut aedificentur muri Ierusalem.

Tunc acceptabis sacrificium justitiae, oblationes, et holocausta: tunc imponent super altare tuum vitulos.


Letra del Salmo 50 en español.

 Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, 
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Nota: Otro de los actos más conocidos y admirados, tanto por los zamoranos como por los visitantes de la ciudad en estas fechas, es el canto del Miserere castellano ante el Santo Cristo del Amparo justo un día antes, la madrugada del Miércoles al Jueves Santo. Y, como indica el nombre del propio acto, en esta ocasión el salmo 50 se canta en castellano o español.

La búsqueda del tesoro

martes, 14 de junio de 2016

 Saludos de nuevo a todos.

 Hoy me gustaría compartir con todos vosotros ideas que yo creo pueden resultar muy interesantes para todos aquellos amantes de la lectura (claro, este blog está dedicado a los libros, ¿de qué otra cosa iba a hablar en él?) en busca de su próximo libro que leer y que, como a mí me ocurrió en una etapa de vida, no saben qué camino seguir.
 Se me ocurrió escribir esta entrada en mi blog recordando las dificultades que había tenido yo para encontrar libros que me gustan en aquella etapa, mientras que ahora los encuentro sin dificultad, y reflexionando para ver a qué fue debida esta diferencia en encontrarlos entre una etapa y la otra.
 Entonces me dije Si a mí me ha ayudado seguir ciertos patrones sencillos de búsqueda de libros para llegar a lo que realmente me interesaba y me deleitaba, puede ser de utilidad también para otras personas.
 Y así llegamos al momento en el que estoy escribiendo estas líneas.
 Por lo tanto, aquí van los patrones de búsqueda de los que me he servido (y me sirvo) yo para dar en el blanco, y encontrar libros realmente interesantes. Espero que sirvan a quienes lo leáis de modo que podáis seguir pasando estupendos ratos con esos tesoros que son los libros.
 Lo primero que me vino a la mente acerca de por qué había tenido dificultades durante aquella etapa para encontrar libros que me gustaran o, al menos, me interesaran es lo siguiente: es mejor acudir a los sitios adecuados (¡qué buenas horas he pasado yo en la biblioteca de mi ciudad!) y tener claras tus preferencias, de modo que te dirijas directamente a la sección de la librería, biblioteca, feria, etc, que te interese.
 Me vinieron a la cabeza imágenes de aquellos tiempos en los que yo simplemente acudía a dichos sitios y me paraba delante de una fila o un montón de libros e iba leyendo los títulos y los resúmenes a ver si alguno me interesaba; pero, de este modo, no conseguí mucho, más bien casi nada.
 Lo mismo me ocurrió al orientar mi búsqueda en Internet: buscaba incluso en páginas que no estaban especializadas en literatura sólo por el hecho de que en ellas también vendían libros. Y pocas veces encontraba cosas interesantes para mi gusto.
 Es también muy bueno abrir nuestra mente y no limitar nuestro interés sólo a aquello de lo que nos estamos ocupando en la actual etapa de nuestra vida o que es nuestro fuerte, alegando el hecho de pertenecer a una de las dos culturas señaladas ya por Charles Percy Snow en 1987 y cuya influencia, desgraciadamente permanece en la actualidad (las famosas frases Soy de ciencias o Soy de letras).
 Por ejemplo, un economista puede hacerse muchas preguntas sobre la naturaleza, sobre todo ahora que somos más conscientes de que hemos de cuidar más nuestro planeta y a los seres vivos que habitan en él y con los cuales lo compartimos; ¿por qué no le iba a interesar un libro del nivel que a él le parezca adecuado sobre biología, botánica, ecología… que le resolviera las dudas que pudiera tener?
 En mi caso, yo, una persona en un principio fuertemente de ciencias, decidí interesarme más por la historia y por el arte y estudiar latín y griego, pues desde niña me hacía preguntas acerca de tiempos pasados, de cómo era la lengua que dio origen a la mía propia, del por qué de la belleza de algunas de mis imágenes y pinturas preferidas… Y esto me descubrió un nuevo y fascinante bosque de conocimiento, sin dejar por ello de maravillarme de que mi corazón siga latiendo día tras día hasta que llegue el momento de mi último aliento, o de cómo una flor, tras un delicado y complejo proceso, se abre en el momento oportuno para dar nueva vida.
 Abrir más nuestra mente para disfrutar de una buena lectura y así aprender más acerca del mundo que nos rodea, de los hechos que nos han llevado a ser lo que somos ahora, de las lenguas que utilizamos para comunicarnos, de los deportes que nos gustan o en los que participamos… es más efectivo si, además de interesarnos por temas variados y distintos al tema o temas principales que ocupan nuestra mente en la actual etapa de nuestra vida, compartimos nuestras opiniones y nuestros gustos con otras personas.
 Hablar sobre los temas que son de tu agrado y escuchar aquellos que le interesan a la otra persona y debatirlos siempre es muy enriquecedor, como también compartir información sobre libros que tú pienses o la otra persona piense que os puedan interesar al otro.
 De este modo, se amplía tu punto de vista exponencialmente: no sólo tienes conocimiento de nuevos temas que quizás te interesen, sino también distintas opiniones, nueva información…lo cual te puede acabar dirigiendo a un determinado libro y a que pases uno de los mejores momentos de tu vida con él. Así es como yo llegué a leer la Divina Comedia, de Dante Alighieri; la obra de mi escritor favorito, J.R.R. Tolkien; las Eddas, libros por excelencia en cuanto al conocimiento de la mitología nórdica, y así es también cómo el siguiente libro que voy a leer es la Eneida, de Virgilio.
¡Quién me lo hubiera dicho hace unos años!
 Y ya, una vez tu mente fija en los libros que más te pueden interesar, incluso cuando tienes un buen libro en tus manos y ya lo has leído, algo que también ayuda mucho es conocer la vida y las influencias de su autor: cuál fue su formación, qué autores y obras (artísticas, literarias…) le influenciaron a la hora de escribir su obra…
 Pues, habiendo encontrado ya la obra de un determinado autor que sí te agrada, a través de este pequeño trabajo de investigación puede que descubras temas que tanto a dicho autor como a ti os interesan; si la obra de un autor te gusta, es porque tiene algo que para ti la hace diferente y especial…y para él también: normalmente algo tenéis en común.
 En mi caso, esto ha sido lo que me ha ocurrido sobre todo con Tolkien y con los autores clásicos grecorromanos.
 Se dice que Quien tiene un libro tiene un tesoro. Pero, para hallar un tesoro, es necesario buscarlo primero y, aunque esa búsqueda nos lleve algo de tiempo, al final, los momentos maravillosos en compañía del tesoro hallado hacen que su búsqueda haya merecido la pena.



 Espero haber creado un pequeño atajo en la búsqueda de estos tesoros que, como oí decir a una persona hace poco, son el invento más perfecto del hombre. Y con la cual estoy de acuerdo.

Te amo.

sábado, 7 de mayo de 2016

Mis reflexiones. 

Saludos en este lluvioso día de mayo.

 Hoy parece como si el cielo mismo también hubiera querido, de algún modo, llorar de emoción, y acompañar así mis sentimientos.
 Pues es este sentimiento el que me invade tan profundamente, que me ha impulsado a escribir sin más demora estas palabras que, como todas en este blog, tienen relación con alguno de esos tesoros que son los libros.
 Hace tan sólo un momento, me disponía a comenzar a leer un libro sobre el indoeuropeo, con la ilusión, como siempre que abro un libro, de aprender algo más; pero ha sido el tema de este libro en concreto y la situación que vivo la que me ha hecho reflexionar y la que, en última instancia, ha causado en mí una profunda emoción.
 Yo soy una bióloga. He estudiado Biología, que siempre me ha gustado mucho. Pero, desde muy niña, aunque yo ni supiera qué lengua era, también me gustó mucho el latín. Y, hace pocos años, cuando tuve un poco más de tiempo libre, decidí aprender esta lengua, que es la lengua madre del castellano, mi lengua nativa.
 Pensé al principio que sería muy difícil. O al menos eso había oído de labios de otras personas que sí lo estudiaban cuando compartíamos aula en el instituto. Pero no fue así. Y esto fue posible, no sólo gracias a mi buena aptitud para los idiomas, sino también a mi profesora.
 Ella me ha enseñado a dar lo mejor de mí, y a perder el miedo a los retos que se vayan presentando en mi vida; y, gracias a sus enseñanzas, yo pude investigar cosas por mi cuenta… y eso supuso como si para mí se abriera una ventana a un mundo que yo desconocía por completo, aunque siempre había estado ahí.

 Antes de empezar a estudiar latín, no me habría atrevido a leer la Divina Comedia de Dante Alighieri, que hoy es una de mis obras favoritas; pues la consideraba una obra difícil e inalcanzable para mí. Tampoco me hubiera atrevido ni siquiera a considerar el estudiar griego clásico, lengua de la cual vienen muchas de las palabras del lenguaje científico… y de aquél de la vida cotidiana en castellano. Ni hubiera sabido que los expertos opinan que hubo una lengua, el indoeuropeo, de la cual vienen todas las lenguas habladas en Europa y Asia; y cómo estas lenguas, tanto aquéllas que ya no se hablan como las que cuentan con hablantes actualmente, están divididas en familias, y el asombroso parecido que hay entre ellas… ¡nunca hubiera considerado que mi idioma, el castellano, se pareciera tanto al inglés!
 Por todo ello, aunque tenga otros profesores, que seguro que los tendré, pues tanto me gustan las lenguas que tengo la intención de seguir estudiándolas en un futuro, quiero dar las gracias con toda mi alma a la persona que abrió para mí la ventana de ese maravilloso mundo: mi profesora, Raquel.
Muchas gracias por tu dedicación y por tu entrega, para las cuales no tengo palabras.
 Ya que en la entrada de la academia donde nos hemos conocido hay un cartel que dice, entre otras cosas, Si amas, dilo,

 Amo te.
 Y gracias también a Alicia, por hacer posible que nuestros caminos se cruzaran.
 

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